Las cuatro fases de la escritura de una novela (y no vale saltarse ninguna)

Escrito por Abril Camino - 21 enero

Las cuatro fases de la escritura de una novela (y no vale saltarse ninguna)


¡Hola a todos!

Retomo este jueves los consejos para escritores con una entrada que tenía desde hace meses a medio escribir y que ha acabado por convertirse en la base del curso de escritura «De la idea al libro publicado» que impartiré durante el mes de febrero. Antes de nada, quiero dar las gracias a todas las personas que habéis mostrado interés por ese curso y que agotasteis las plazas en apenas unos días. Me habéis dado mucha fuerza tanto para impartirlo con ganas como también para plantearme organizar otro dentro de unos meses para todas las que os habéis quedado sin hueco.

¿Qué es eso tan importante, entonces, que voy a contar hoy como para que sirva de base a un curso completo de escritura? Las fases del proceso. Muchas veces, cuando hablo con gente ajena al mundo de la escritura o con personas que empiezan sin saber muy bien cómo funciona, ven el acto de escribir un libro como un todo. Por eso mucha gente se sorprende cuando digo que he escrito una novela en un mes y, al mismo tiempo, lo hacen cuando digo que pasan años entre el momento en que se me ocurre una idea y el momento de publicar el libro.

La escritura de una novela tiene —o debería tener— cuatro fases fundamentales. En esos cuatro periodos debería estructurarse todo lo que ocurre desde que una idea nos atraviesa la mente como un flash momentáneo hasta que tenemos un manuscrito listo para publicar. Y ojo: esto no tiene nada que ver con los famosos métodos mapa o brújula. Incluso quien más claro tenga que escribe con un método brújula atraviesa estas fases... o debería. Os hablo de ellas:


Fase 1: PENSAR

Demasiadas veces ignoramos o menospreciamos esta fase, o simplemente no la consideramos una parte del proceso, quizá porque es algo intangible, que está solo dentro de nuestra cabeza. Sin embargo, en mi opinión, es la más importante de todas. Es la conversión de una idea suelta, una de esas muchas que a veces quedan en nada, en un proyecto.

Toda novela surge de una idea. Algo nos inspira, se nos pasa por la cabeza un tema, un «¿y si...?» y ¡zas! ya la tenemos liada. Muchas de esas ideas quedarán en el olvido, serán fruto de una inspiración momentánea que no fructifica, pero otras sí lo harán. Y crecerán. En esta primera fase, el objetivo es ese: hacer crecer la idea hasta que de ella ramifique todo lo demás que compone una trama.



Yo daría dos consejos fundamentales en la fase de «pensar». Cada uno piensa a su manera, por supuesto, pero creo que estas dos normas siempre ayudan a que el resultado final sea mejor:

  • Que la idea sea el tema de la novela y de ella surja todo lo demás (no al revés). ¿Qué quiero decir con esto? Que la idea debería ser aquello sobre lo que queremos escribir, el tema, el mensaje principal. No la ambientación ni características particulares de los personajes ni siquiera la época histórica.

Un ejemplo práctico: una idea sería «escribir una novela sobre una relación tóxica». Tenemos en mente de qué queremos hablar y, a partir de ahí, vamos puliendo el resto de componentes de una trama. ¿Una pareja adolescente, joven o de mediana edad? ¿Chico y chica, dos chicos, dos chicas? ¿En España o en el extranjero? ¿En la actualidad o en alguna época histórica en que esa idea sea coherente? ¿Quién es el tóxico: uno de los protagonistas, el otro o los dos? Y así hasta que tengamos una idea suficientemente sólida en mente, hasta que lo visualicemos todo.
El ejemplo contrario, el que yo consideraría menos recomendable, sería partir de una idea tipo «quiero escribir una novela ambientada en París». Y que de ahí tenga que surgir la idea. No tiene por qué ser siempre un fracaso, puede salir bien, pero es mejor que los detalles se adapten al tema que tratar de encajar un tema en unas características externas concretas.

  • El otro consejo es no escribir durante esta fase. Sé que es difícil, sobre todo para almas impacientes como la mía. Si tenemos una idea, un flashazo de inspiración y nos enamora tanto que cogemos el portátil a los diez minutos, o a los diez días, de sentirlo... es muy posible que empecemos a escribir una historia para la que no estamos preparados. Yo esto lo he aprendido tarde. En mis primeras novelas, no era capaz de convivir con la historia sin lanzarme a contar aunque solo fuera el comienzo. Y lo hacía mucho peor que ahora. Un periodo largo de convivencia con la idea, que nos permita conocer a los personajes durante meses o años, hará que el día que nos sentemos delante del ordenador sean tan tangibles que, seguro, transmitiremos muchísimo mejor lo que quieren contar. Para que os hagáis una idea, con el último manuscrito que he terminado mi periodo de convivencia ha sido de cuatro años; como imaginaréis, el día que al fin empecé a contar su historia, los conocía tan bien que en ningún momento tuve dudas, bloqueos y os puedo asegurar que jamás me han fluido así las palabras. Por supuesto, tomar notas sí se vale, sobre todo si sois como yo y tenéis pánico a que se os olviden las cosas que habéis pensado (que en el fondo creo que, si algo se olvida, es que no servía, pero... por si acaso).
Por último, la fase de «pensar» sería también el momento ideal para documentarse, especialmente en el caso de proyectos que requieran mucho esfuerzo en ese sentido. Por ejemplo, si vamos a escribir una novela ambientada en los años setenta y vamos leer prensa, ensayos y novelas de/sobre la época, indudablemente eso ayudará a dar forma a nuestra idea y a descartar posibilidades que se nos vayan ocurriendo y no sean posibles (y lo mismo ocurrirá con una documentación sobre el lugar en que vayamos a ambientar la trama, sobre las profesiones de los personajes, etcétera).

Fase 2: PLANIFICAR

Planificar no es más que ordenar todo lo que hemos tenido en la cabeza durante la fase 1, esa en la que las ideas estaban solo en nuestra mente o en pequeñas notas que hemos ido tomando. La planificación es quizá la fase en la que más diferentes somos los escritores unos de otros, incluso somos diferentes cada uno según el proyecto. Yo soy partidaria de planificar todo siempre, pero evidentemente no es lo mismo escribir una novela histórica o una novela negra que una historia de sentimientos sin una trama con demasiados giros.

Sobre la planificación se podría escribir un manual y no acabar nunca (hay miles publicados, de hecho), pero, por resumirlo, sería poner por escrito los diferentes componentes de la trama: ambientación, temporalización (externa e interna), fichas de personajes (con cuanta más información sobre ellos, física, psicológica, emocional... posible), etc. Además, añadiremos las características de la técnica narrativa: narrador (si será el mismo en toda la novela, si se alternarán diferentes modalidades), estructura (la manera en que ofreceremos la información al lector) y escaleta (la organización en capítulos y, en ocasiones, también en escenas).



Muchos autores no ponen nada (o casi nada) de esto por escrito y obtienen buenos resultados. Yo he intentado ignorarlo dos veces y he tenido que borrar los dos manuscritos, reescribirlos enteros. De todos modos, todas estas fases se compensan entre sí de una u otra manera. Si el tiempo de convivencia ha sido muy largo y conocemos muy muy bien a los personajes, por ejemplo, quizá no necesitemos hacer fichas tan extensas (aunque detalles como las fechas claves de su vida suelen ser fundamentales para no cometer luego errores de continuidad). Lo que es muy difícilmente sostenible es que se nos ocurra una idea hoy y empecemos a escribir mañana, sin tiempo de convivencia ni fase de planificación previa.


Fase 3: REDACTAR

Como decía al comienzo de la entrada, esta fase es a la que la mayoría de la gente ajena a este mundo llama «escribir» (y nosotras, las autoras, también casi siempre). Aquí la he llamado «redactar» porque eso es lo que haremos durante esta fase (en ocasiones, combinándolo con la planificación). Os voy a contar el método que a mí me funciona mejor desde hace unas cuantas novelas (al final, todos los autores acabamos encontrando nuestro método, que en ocasiones variará a lo largo de nuestra carrera). Desde hace cuatro o cinco novelas yo trato de llegar al momento de ponerme a escribir con todo absolutamente planificado con un objetivo muy claro: que durante la fase de redacción solo tenga que preocuparme por CÓMO escribo, no por QUÉ es lo que escribo.



Muchas veces me han preguntado si con esto no se pierde espontaneidad. Yo creo que depende de la persona. Para mí, ya toda la fase de convivencia con la idea y de planificación es parte de la escritura, así que ahí tiene cabida la espontaneidad. Vuelvo a usar un ejemplo práctico para explicarme mejor:

  • Antes, cuando planificaba pero no tanto, yo podía tener claro que en el capítulo 4 los protagonistas se van a conocer. Pero no sabía cómo. Al llegar al momento de escribir esa escena, tenía que pensar en cómo se iban a encontrar, cómo iban a reaccionar, etc., y preocuparme además de que la escena fuera bonita. Ahora tengo clarísimo cómo se encuentran, en mi cabeza la escena ya existe, la visualizo y he convivido con ella durante semanas o meses (y me he emocionado con ella, por supuesto). El día que la escribo tengo todas las neuronas dedicadas a elegir las palabras perfectas, a que fluya... 

No pretendo que este método le funcione a todo el mundo, por descontado. Pero tengo pocas dudas de que, desde que yo lo uso, mis novelas están mejor escritas. Pueden gustar más o menos, tener mejores o peores tramas, pero de que están escritas con un estilo mucho más cuidado y mejor... tengo pocas dudas.

 

Fase 4: MEJORAR

No he querido usar «corregir» al hablar de esta fase porque esa palabra suele llevar a confusiones, pero básicamente... sí, es eso, corregir. Es eso, mejorar lo que ya hemos escrito. Antes de nada diré que lo ideal, antes de afrontar esta fase, es dejar reposar lo que hemos escrito durante unos cuantos meses (o, al menos, semanas). Hablaba el mes pasado de que durante la escritura de una novela pasamos por un montón de fases emocionales complejas y ese no es el mejor estado para afrontar la mejora de una novela, ya que nos costará mucho más ver los errores objetivos que haya (dependiendo del día, todo nos parecerá maravilloso o todo nos parecerá una mierda).

La corrección/mejora de una novela es una fase que, a su vez, tiene varias fases. Es demasiado extenso para hablar de ello aquí, pero no es lo mismo corregir la trama que mejorar el estilo que releer o buscar errores ortotipográficos. Y por eso es mejor hacer cada cosa en diferentes fases. Y hablo de la parte de la corrección/mejora que siempre está en manos del autor, independientemente de que contrate una corrección externa o no (algo que siempre, siempre, siempre es recomendable).



Mejorar la novela es leerla varias veces (ni solo una ni mil, tampoco). Pensar en cada frase cómo podríamos hacerla mejor, más bonita, si eso es lo que necesita, más concisa, si el problema es esa carencia. Pasar el manuscrito a lectores cero que sepan los errores o mejoras que deben buscar y escuchar sus correcciones. Volver a repasar la trama para comprobar que todo encaja. Y luego ya sí, mirar lo de las comas o dejar que un profesional externo lo haga. Decía al comienzo de esta fase que prefería llamarlo «mejorar» que «corregir» porque esta última palabra lleva a confusiones y esa es la principal: corregir un manuscrito no es colocar bien las comas; tener un buen dominio ortográfico y gramatical no significa no tener que corregir o hacerlo superficialmente. Me atrevo a decirlo claramente: aunque yo soy una nazi de la ortografía y la gramática en una novela, la parte ortotipográfica me parece, de largo, la menos importante de la corrección. Al fin y al cabo, es la única que puede hacer alguien externo al autor sin que el resultado se vea alterado.


Y esto sería todo, aunque en realidad sea poco más que una introducción. Os voy a hacer una confesión relacionada con lo que decía antes de que esta entrada lleva en borrador meses. Empecé y... solo con el primer punto ya era eterna. Fue de ahí, y de las peticiones de varias seguidoras en mis redes, de donde surgió la idea de organizar el curso. En él ahondaré en cada una de estas cuestiones, pero creo que con lo que os he contado por aquí ya podéis haceros una idea más o menos clara de cómo organizar el trabajo, sobre todo esas personas que estáis más perdidas porque acabáis de aterrizar en el mundo de la escritura.

Si os han quedado dudas, esta tarde estaré en Instagram en un directo de preguntas y respuestas. Será a las 19.30 y tenéis activo en mis stories un sticker de preguntas para que yo vaya recopilándolas y no quede ninguna en el tintero. Si no podéis verlo en directo, lo dejaré guardado en mi IGTV, así que podéis dejar las preguntas igual aunque no vayáis a estar activos a esa hora. Los dos próximos meses no habrá directos, porque toda mi atención estará centrada en el curso que voy a impartir, así que aprovechad hoy para todo lo se os ocurra, del tema que estamos tratando hoy o de cualquier otro relacionado con la escritura o la publicación.

¡Nos vemos a las 19.30! Y, como siempre, ¡gracias por leerme!


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