Todas las fases emocionales por las que pasamos al escribir una novela

Escrito por Abril Camino - 17 diciembre

Todas las fases emocionales por las que pasamos al escribir una novela


En los casi seis años que llevo dedicándome a escribir novelas, he aprendido muchas cosas. Sobre narración, creación de personajes, corrección, planificación, documentación, publicación... Y, en los últimos tiempos, también sobre inteligencia emocional. Al menos, sobre inteligencia emocional aplicada a la relación que tengo con mis propias novelas. No soy psicóloga ni lo pretendo, pero hoy me ha apetecido compartir por aquí algo que creo que puede ayudar a otras personas que se enfrentan a esa especie de montaña rusa emocional que nos deja dentro escribir una novela.

Yo soy una tía intensa, no lo puedo negar. Cuando algo me gusta, me encanta-superencanta-requetechifla. Cuando no, lo odio-es una mierda-no lo puedo soportar. Curiosamente, creo que en todo lo relacionado con los libros (como escritora y también como lectora) soy mucho más calmada que en mi vida en general. He aprendido a mirar las diferentes fases emocionales con algo de distancia, con una cierta frialdad que creo que es fundamental para hacer las cosas bien y, sobre todo, para no acabar en un manicomio.


Voy a ser sincera (y quizá un poco ofensiva): me dan una pereza terrible algunos mensajes que leo de escritores en redes sociales. Hay días en que entro a Instagram o Twitter y me da la sensación de que no hay (casi) nadie normal, como si solo hubiera dos opciones: o bien sangrar y sufrir cada parte del proceso creativo como si les estuvieran sacando las palabras con un escalpelo o bien disfrutarla tanto que cada día es especial, maravilloso, vibrante, el día en que han escrito el mejorcísimo capítulo de su vida (igual que ayer, y anteayer, y ante-anteayer...). Esto último me parece un poco patético (más que nada, porque la palabra «especial» pierde todo significado si se usa a diario), pero al menos entiendo que quienes envían esos mensajes será porque realmente disfrutan de esto. Pero ¿y lo otro? ¿No está pasadísima de moda esa leyenda de que hay que sufrir para escribir algo bueno? ¿De verdad a alguien le merece la pena una profesión que es un calvario diario? ¿O será que todo, lo de unos y lo de otros, es una pose para exhibir en redes sociales?


No voy a decir que escribir una novela sea como cualquier otro trabajo porque estaría mintiendo. Por supuesto que en toda profesión creativa hay un componente emocional. Y en esa fase en que la novela es solo nuestra (antes de mostrársela a lectores cero, correctores, editoriales o quien sea) es muy fácil que nuestra propia percepción de ella sea variable y poco ajustada a la realidad. Yo me considero muy objetiva a la hora de juzgar mis propias novelas y, aun así, hay muchos momentos del proceso de escritura en que rozo la esquizofrenia.

Lo más importante que he aprendido sobre mi relación con mis propios manuscritos es que siempre, absolutamente siempre, hay diferentes fases emocionales. Y que eso no es malo. Al contrario, creo que son necesarias. Yo he conseguido incluso tener identificado el ciclo de mis propias fases emocionales, que es más o menos así:

  • Cuando se me ocurre la idea, llegan unos días de brutal ebullición creativa, en la que se van formando en mi cabeza los detalles de la novela (personajes, ambientación, argumento, etc.), durante los cuales pienso que es la mejor idea que absolutamente nadie en el mundo ha tenido jamás.
  • Durante la fase de planificación, empiezo a flaquear, sobre todo si es una historia que requiera mucha documentación. Al tercer libro que leo sobre el tema, empiezo incluso a odiarlo un poco. Y si alguno de esos libros que leo es muy bueno... no dejo de pensar que es tontería que yo escriba sobre el tema, porque nunca conseguiré hacer algo tan brillante.
  • En el momento en que me pongo a escribir, todo son dudas. Es lógico, no conozco a los personajes y me cuesta encontrar su voz. Y también la mía, porque normalmente llevo un tiempo sin escribir y me parece que estoy oxidada y solo me salen frases erráticas. El comentario más habitual durante esta fase es «Yo creo que esto que estoy haciendo es una puta mierda».
  • Hacia la mitad del proceso, cuando ya estoy metida en faena pero aún no demasiado cansada, estoy on fire. Es mi mejor momento. Vivo convencida de que estoy escribiendo la mejor novela de mi carrera, la que siempre he querido escribir, la que supone un salto de calidad brutal dentro de mi narrativa...
  • Y entonces llegan los últimos capítulos, cuando, normalmente, estoy agotada ya (es lo que tiene escribir en modo maratón). Y me parece que no le he dado un final digno a la novela y puede que ni siquiera toda la historia tenga sentido alguno.
  • Primera lectura después de acabar de escribir: «Dios mío, es bueno. ¡Es muy bueno! ¡¡Es una puta pasada!!».
  • Segunda lectura, después de un tiempo de reposo y la primera corrección sobre el ordenador: «Pero ¿qué es esto? ¡¿Cómo he podido pensar que esto era bueno?! ¡¡Es una puta mierda!!».


Para no aburriros más, diré que, durante los siguientes meses, alterno varias veces lo de «Es una puta pasada» con lo de «Es una puta mierda». Y entonces pasa el tiempo, llega el alejamiento emocional de la historia y... todo se tranquiliza. Para mí la clave para juzgar con objetividad una novela es esa: dejar pasar el tiempo para ser capaz de ver el manuscrito con la cabeza fría, sin todas las emociones que se meten en medio en las primeras fases del proceso. Eso, hablar con mis lectoras cero, analizar lo que se puede mejorar, valorar lo que he hecho bien... Esa es la clave para que, cuando la novela vaya a salir a la venta, yo tenga la cabeza centrada.

No digo que estas fases las pase todo el mundo, ni siquiera en el mismo orden. Lo que pretendo transmitir con esta entrada es que, si te pasa, es normal. Y pasará. Y también una opinión personal: en contra de lo que se cree muchas veces, sentir una novela con una intensidad bestial no es siempre bueno. Puede serlo en un determinado momento de la fase de escritura, pero para todo lo que viene después... es mejor tener la cabeza fría. Nos ayudará a ver mejor los errores, a asumir las correcciones que nos propongan ojos externos y a convivir con las críticas que llegarán después de la publicación.



Esto último no es ninguna tontería. Yo he visto a gente derrumbarse con las primeras críticas tras la publicación, incluso con reseñas nada crueles. Y siempre he pensado que la razón principal es que había cero crítica por parte del autor antes de publicar. Yo tengo claro que nadie, ni el reseñista más cruel del planeta, me dirá nunca algo peor que las cosas tan chungas que me digo yo misma cuando estoy en la fase de «Esto es una mierda». Y creo que es bueno. Salir al mercado con la convicción de que lo que has escrito es lo mejor del mundo es una garantía casi segura de frustración posterior.

Decía al empezar que algo he aprendido sobre inteligencia emocional aplicada a la escritura. En mi caso, la receta ha sido aprender a separar cabeza y corazón. No dejar el teclado aparcado cuando estoy convencida de que lo que estoy haciendo es una mierda. No venirme arriba a lo loco y pretender acelerar el proceso cuando creo que estoy haciendo historia de la literatura. Mi cerebro sabe que ambas cosas son mentiras que me cuenta mi subconsciente para boicotearme: ni hago grandes mierdas ni hago novelas que pasarán a la historia. Así que yo sigo. Sigo con lo mío, escribiendo como sé y esperando que las aguas se calmen. Y asumiendo que esas fases seguirán llegando, que después de un subidón vendrá un bajón, que a este bajón lo seguirá otro subidón y, sobre todo, que algún día las emociones se enfriarán y sabré ver lo que he hecho en realidad.

No sé si esta entrada os sonará a chino o si os veréis identificados con estas fases emocionales de locura por las que yo atravieso. Si os suenan, yo solo puedo dar un consejo, una única palabra: «Pasará». Todas las fases de intensidad desorbitada pasarán y, con un poco de suerte, al final de ellas estará esperándonos una novela que... no será una pasada ni una mierda, pero será toda nuestra.

[Hoy, a pesar de ser día de publicación de consejos para escritores, no habrá directo de asesoría en Instagram. Diciembre siempre puede conmigo y he sido incapaz de encajarlo en agenda. Pero prometo compensaros con muchas, muchísimas novedades muy prontito]

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3 comentarios

  1. Esta montaña rusa que has descrito, se parece muchísimo a la mía propia :-) Leer y hablar sobre estas cosas son las que nos ayudan a avanzar como escritoras porque, como bien has dicho, ni escribir tiene por qué ser siempre un dolor ni un flipe. Es un proceso que tiene sus etapas. Así que ¡mil gracias por compartir las tuyas!

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    1. ¡Ay, gracias por pasarte! Yo creo que sí que muchas compartimos estas emociones, de una u otra manera. Un abrazo.

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  2. Hasta ahora he tenido que compaginar el escribir con mi carrera científica, por lo que el proceso era mucho más lento. Cada novela me llevó varios años. Además, ninguna auto-crítica podía ser tan brutal como las que recibían mis artículos científicos y mis proyectos de investigación. Es parte del trabajo, yo también hago esas críticas a otros científicos.

    Escribiendo novelas normalmente estoy en la fase "esto es muy bueno". Aunque también hay fases de desilusión en las que dejo de escribir durante varios meses. Ahora que me he jubilado espero tener la oportunidad de escribir en plan maratón, en vez de hacerlo por las noches y los fines de semana.

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