lunes, 12 de octubre de 2015

10 errores que debemos evitar al escribir novela romántica

10 errores que debemos evitar al escribir novela romántica

En las últimas entregas de estos consejos para escritores noveles, hablábamos sobre la idea y la toma de decisiones, así que supongo que hoy estaríais esperando que os dijera que os lanzarais a escribir. Pues no. Esta sección del blog se publica los lunes, y yo los lunes estoy tocahuevos y no voy al grano. 

Hablando en serio, ¿recordáis por qué os decía el primer día que quería iniciar esta sección? Porque yo también soy una escritora novata. Y, como os decía también, tengo todos mis errores muy presentes. Y, encima, soy muy crítica a la hora de leer, así que las cosas que me chirrían en novelas ajenas, y sobre todo en las propias, me aparecen en la mente como subrayadas en fosforito. Le he dado algunas vueltas a la cabeza sobre cuáles eran los errores más odiosos y he decidido hacer un decálogo con las diez frases que no queremos que piensen JAMÁS los lectores de nuestra novela romántica.

LAS DIEZ FRASES QUE NO QUEREMOS OÍR DE NUESTROS LECTORES

#1 Yo esto ya lo he leído antes.
Eso es lo que pensarán vuestros lectores si comentéis el error número uno de este género loco que es la novela romántica: caer en el topicazo. Por favor, os lo suplico: no más protagonistas morenos de ojos grises, con traje de tres piezas, coche de lujo, mirada chulesca y actitud prepotente. Por favor. Que sí, que lo queremos guapo, pero ¿por qué no ser originales? ¿Es que hay solo un tipo de hombre guapo? Rebusquemos en la cabeza, que para eso queremos ser escritores. Pensad en qué os gustó de aquel chico del que os enamorasteis tanto. O en lo que os contó una amiga que hacía tan atractivo a su último ligue. Como en casi todo, imaginación al poder.

La cara que se me queda ante un tópico
Estoy a un doble de Christian Grey de invadir algo

#2 ¿Pero este tío no tenía los ojos verdes?
Hablaremos en próximas entregas de esta sección sobre la planificación de una novela. Es un paso fundamental, pero suele dar pereza (a mí no, que soy una pirada de la planificación en todos los ámbitos de mi vida). A lo que iba, si no estáis chalados, la planificación de la novela debería daros pereza, pero es un paso al que no debéis renunciar. Fichas de personajes, de escenarios, líneas de tiempo... Por más que nos parezca que conocemos tan bien a nuestros personajes que tenemos todas sus características grabadas a fuego en la cabeza, no siempre es así. Y puede que no hablemos de los ojos del protagonista desde que lo presentamos en la página 3 hasta un escena cerca del final en que clava los ojos en su amada. ¿Estamos totalmente seguros de que el subconsciente no nos la va a liar? ¿De que los ojos verdes no van a mutar en azules porque, simplemente, recordamos que son de color claro? Puede parecer una tontería, pero os aseguro que no lo es. Este tipo de errores crean confusión en los lectores, que los detectan con mucha más frecuencia de lo que podamos imaginar, y desvirtúan la lectura.

Los ojos cambiantes de los protagonistas de novela romántica
Siempre nos queda la opción de ponerle
un ojo de cada color para no liarnos

#3 Esta novela está fenomenal. Qué lástima que me haya dormido en la línea 4 de esta frase.
Hay un equilibrio entre hablar como en el grupo de whatsapp de tus amigos y que parezca que estás poseído por Góngora. Y ese equilibrio es el lugar exacto donde debemos buscar nuestro estilo. Convertir nuestros textos en listas interminables de adjetivos, comparaciones y figuras retóricas no nos va a convertir en un buen escritor. Todo lo contrario. Mesura. Menos es más. Y todos esos tópicos.

¡Que tus lectores no se duerman!
Pánico atroz a que esta sea algún día
la reacción de nuestros lectores

#4 ¡No me digas que el protagonista tiene los ojos negros como el carbón! ¡Jamás había oído esa comparación!
Ojos negros como el carbón, azules como el mar o verdes como una esmeralda. Pelo rojo como el fuego. Al parecer, vivimos en un mundo monocromático, en el que las esmeraldas, el carbón, el fuego y el mar cortan el bacalao de los colores. Me remito al punto #1. Originalidad. Imaginación. Todo ello. Buscad en Google Imágenes "verde", o "rojo", o "negro" y mirad qué os sale. Ahí podéis encontrar la respuesta a esa comparación que se os escapa. ¿Por qué no? Cualquier recurso es válido. Y leed. Leed a las mejores. No para copiarlas (que, además, es imposible), sino para aprender. Como curiosidad, ya que hablamos de comparaciones, no creo que nadie maneje este tema mejor que Susan Elizabeth Philips, SEP. Cuando la leo, me paso la mitad del tiempo pensando que está chalada y la otra mitad torturándome por no llegarle ni a la suela de los zapatos.

Originalidad e imaginación al poder
¡Sorpresa! Lo de los ojos negros como el carbón se
le había ocurrido antes a unos sesenta mil escritores

#5 Te digo sinceramente que probablemente deje de leer esta novela próximamente.
Os he dicho un montón de veces que a escribir se aprende. Que la formación es clave. Una de las primeras cosas que aprendí en el primer taller de escritura que cursé fue a evitar los adverbios terminados en -mente. Nunca me lo había planteado, y nadie me lo había enseñado antes. Ahora huyo de ellos como de la peste. Si queréis evitar el farragoso paso de poner "mente" en el buscador de Word como paso ineludible de la corrección de la novela, mejor evitadlos desde el principio. Aunque, lo confieso, mi subconsciente sigue siendo muy fan de ellos y siempre acabo pasando unas horas de infierno sustituyéndolos en pleno proceso de corrección.

Todos a evitar los adverbios en -mente
¡Es que hay tantos...!
La tentación de usarlos es terrorífica

#6 Por favor, señor escritor, presénteme a alguien que hable como en sus diálogos, que jamás he conocido a un alienígena.
Me encanta construir diálogos. Es, sin ninguna duda, mi tipología textual favorita. Me llevo más o menos bien con la narración y odio a muerte la descripción. Ese es mi panorama, pero no es habitual. Por regla general, los diálogos son una parte del texto que suele atravesársele al escritor. No hay recetas mágicas, pero sí algunos tips. Mi favorito, sin duda, es recrearlos con la mayor fidelidad posible. A mí me resulta suficiente reconstruirlos en mi cabeza, pero ¿por qué no leerlos en alto? ¿Incluso atreverse a representarlos con un amigo? Cualquier técnica con tal de evitar diálogos farragosos, irreales e impostados. Y, sobre todo, no utilicéis el diálogo para tareas que corresponden a la narración o la descripción.
En uno de los peores libros que he leído en mi vida (que, como soy una niña buena, no voy a nombrar), había un diálogo que decía algo así como «—Hola, Pablo. Cómo me alegro de verte. Porque hacía mucho tiempo que no nos veíamos, desde aquella fiesta en la que conocí a Luis. He cortado con él porque lo descubrí engañándome con mi amiga Lucía...». En serio. Tratad de imaginaros que os encontráis con un amigo al que hace mucho tiempo que no veis y le soltáis algo así. Os llevaría de cabeza al frenopático. Narrad lo que haya que narrar, describid lo que haya que describir y dejad que los diálogos hagan solo su trabajo.

Diálogos marcianos
Rellene el bocadillo con cualquier diálogo extraño

#7 ¡Anda! Sí que mola este personaje, que puede teletransportarse y todo.
Quizá debería haber hablado de la documentación antes que de ninguna otra cosa. La documentación es una de las claves de una novela. De una buena novela. Si hablamos de novela histórica, quizá sea la clave fundamental. Pero no debemos olvidarla tampoco en la contemporánea o en cualquier otro subgénero de la romántica. Siempre que estoy documentándome para una novela, mi admiración por los escritores de la era pre-Google se multiplica exponencialmente. Así que, hoy en día, no tenemos excusa para pasarla por alto. Google es nuestro amigo. Casi cualquier respuesta que busquéis, estará ahí.
El título de este apartado, lo de la teletransportación, viene de una novela romántica que leí hace unos meses, una que me llegó muy recomendada (sigo siendo una niña buena y, no, tampoco aquí voy a dar el título). En un determinado momento de la trama, el protagonista masculino va a visitar a la chica a la ciudad en la que vive. Coge el coche, conduce toda la noche y llega a desayunar con ella. Oooooooh, qué mono. Las dos ciudades eran bastante conocidas, y el dato me chirrió. Entré en Google Maps y tardé tres segundos en comprobar que las dos ciudades estaban separadas por... ¡¡2.800 kilómetros!! Opciones: teletransportación, coche de 6.000 cv en un país sin límites de velocidad o autora que pasa de todo. Me decanto por la opción C. Si un autor comete un error de este estilo en la trama principal, en la cual es fundamental que las cosas ocurran así y no se le ocurre cómo solventarlo, lo más probable es que piense «bah, no creo que nadie se dé cuenta». O sea, cree que el lector es tonto. Mal. Si, como en el caso de la novela de la que hablo, ni siquiera era un momento fundamental del desarrollo de la trama y se podría haber sustituido por, por ejemplo, un billete de avión comprado a última hora... directamente, el tonto es el escritor.

Protagonistas en skate volador
Ojito. Quizá el protagonista era Marty McFly en
su skate volador y yo estoy metiendo la gamba

#8 A lo mejor no te habría venido mal repetir tercero de la ESO.
La ortografía y la gramática. Este punto es polémico. De hecho, es posible que en el futuro dedique un post exclusivamente a esto. Sí, ya sé que existen los correctores (los de verdad, no el del Word, por favor...). Ya sé que para ser escritor no es necesario tener unos conocimientos gramaticales y ortográficos perfectos. Lo sé porque lo he leído en un montón de manuales, pero no me lo creo del todo. Algún error puntual, ok (mi otra yo es profesora de Lengua, así que este ok me ha dado un poco de urticaria). Un texto plagado de incorrecciones... NO. Recordemos, además, que estamos hablando de autopublicación. Es casi imprescindible para un autopublicado contratar una corrección externa, con el desembolso económico que implicará. Pero vamos a tratar de ahorrarle trabajo al corrector, ¿de acuerdo? ¿Consejos ortográficos y gramaticales? Repito, soy profe de Lengua, podría divagar sobre esto durante dos años y me quedarían cosas en el tintero. Pero leer, leer y leer no suele fallar. Y formarse, claro. Sí, soy muy pesada y lo voy a repetir: formación, formación y formación.

La ortografía es nuestra amiga
Pues eso.

#9 No soy gilipollas y sé usar Google.
¿Nunca os ha pasado, viendo una película, que os parece que están tratando al espectador de bobo? Pasa mucho en las series de crímenes e investigaciones, por ejemplo. Últimamente, me ha pasado varias veces, leyendo, que el escritor me explica cosas que no le he pedido. «Quedaron en el Empire State, que es el edificio más alto de la ciudad de Nueva York». Venga ya, no me jodas, ¿el Empire State es el edificio más alto de Nueva York? ¡Jamás lo habría imaginado! ¡Guauuuu! (modo ironía off). Cuéntame la historia, deja caer algún dato subrepticiamente, usa las notas al pie si crees necesario aclarar algo (¡con mesura!) y lo demás, déjaselo al señor Google, que ya te he dicho antes que es nuestro amigo.

Vaya sorpresa, eh
¡Nooo! ¿En serio? ¡Jamás lo hubiera imaginado!

#10 Pero... ¿¿quién está hablando aquí??
La ortotipografía y la maquetación, esos grandes olvidados. Si, cuando llegue el momento, una editorial apuesta por vuestro manuscrito, de esto se encargarán –o eso espero– otros. Si apostáis por la autoedición y no contratáis una corrección ortotipográfica externa, os veréis en un apuro. Guiones largos, guiones cortos, comillas, cursivas... ¡Dios! Solo con escribirlo, me han venido los recuerdos de esas terroríficas fases de corrección y me han entrado sudores. Escribiré uno (o mil) posts relacionados con esto en el futuro, así que no voy a dar demasiado el coñazo ahora. Solo un consejo: no descuidéis esta fase de la corrección. No hay nada peor que un diálogo mal puntuado, en el que no nos queda claro quién está hablando, si el parlamento ha acabado, si el autor ha vuelto a la narración pero no lo ha reflejado claramente... Hace que el lector se pierda y, por lo tanto, desvirtúa la lectura.

La importancia de un signo de puntuación
¿Aún hay alguien que siga pensando que los
signos de puntuación no son importantes?

Bueno, ¿qué me decís? ¿No preferís tener todo esto presente antes de lanzaros a escribir vuestra novela romántica? Pues, venga, que el próximo lunes, con un poco de suerte, empezamos a teclear (o no).

8 comentarios:

  1. ¡Hola, Abril!
    Seguiré tus consejos, sobre todo el de evitar los adverbios acabados en mente, ya que yo también soy fan de ellos y los suelo meter a veces.

    ¡Un abrazo!

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    1. ¡Gracias, Juan! Los adverbios en -mente son mis amienemigos favoritos: me encantan y se me escapan todo el rato y luego me atormentan en la fase de revisión. Al final, además de tratar de evitarlos mientras se escribe, la clave está en dedicarles unas horas al acabar. Pones "mente" en el buscador de Word y te dedicas a sustituir "solamente" por "solo"; "habitualmente" por "con asiduidad"... y así hasta que te vuelves loco :)

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  2. No soy escritora pero desde el punto de vista de una lectora tengo que decir que estoy totalmente de acuerdo con los 10 puntos (aunque con el 8 yo misma tengo una cuenta pendiente).
    Lo que comentas de tener una ficha con los datos de personajes, etc. siempre he pensando que era algo imprescindible pero más de una autora me ha demostrado que no las tiene, o si se ha molestado en hacerlas antes de empezar a escribir, luego no ha vuelto a mirarlas. Cambios de nombre, de apellido, de color de ojos y un largo etc.
    En la documentación seguro que he leído novelas que me han encantado y tenían fallos, pero será porque no me he enterado ; si veo alguno, ya no soy capaz de disfrutar de la lectura, en lugar de centrarme en los personajes y lo que les está pasando, me quedo esperando a la siguiente metedura de pata del autor.
    Un abrazo

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    1. Me pasa exactamente lo mismo. Cuando descubro una metedura de pata en un libro, trato de mentalizarme para que no me "afecte", pero ya no hay manera de sacármelo de la cabeza. Si es una tontería, un baile tonto de nombres, etc... vale. Puede pasar. Yo he releído cosas mías que estaban ultra-mega-archi-revisadas y he encontrado alguna cosilla, pero que le ha pasado desapercibida a todo el mundo (y guardaré el secreto por siempre jamás), pero errores que alteran la trama... no puedo.
      Yo no miro demasiado las fichas de personajes cuando estoy escribiendo, al menos por lo físico, que suelo tenerlo muy, muy claro. Pero la línea de tiempo es fundamental, para mí, la herramienta imprescindible. La consulto cada cinco minutos cuando estoy escribiendo.
      ¡Un abrazo y gracias por pasarte!

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  3. ¡Hola, Abril!

    Me ha encantado el post. Como lectora detallista e historiadora de formación, el tema de la documentación me parece básico, al igual que evitar deslices en la trama. Apenas leo a autopublicados pero lo peor es que me he encontrado algunos de los fallos que comentas en novelas publicadas por editoriales que me hacen desconfiar mucho de editores y correctores. He visto graves fallos de documentación en novelas contemporáneas que han sido muy alabadas en algunos blogs y novelas de escritoras adoradas por lectoras de románticas con la sensación de que las tramas y sus personajes son muy similares (escenas que se repiten en todas las novelas dando la sensación de que la escritora ha cogido las anteriores y sólo les ha cambiado los nombres a los personajes) a los que hay que sumarle unas traducciones algo raras y erratas. Muchas gracias por dedicar tu tiempo a comentar estos errores y los tendré en cuenta si en un futuro recupero mi afición por la escritura.

    Un cordial saludo,
    Elena Velarde.

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    1. ¡Gracias a ti por leerme! La verdad es que yo me he encontrado auténticos desastres en obras autopublicadas y... últimamente, en novelas de editorial también. Ya llega un punto en que a veces celebro no encontrarme faltas de ortografía.
      Me alegro de que te haya gustado el post. ¡Y retoma esa afición por la escritura! :)
      Un abrazo,
      Abril.

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