La música de mis novelas

Escrito por Abril Camino - 11 octubre

La música de mis novelas

La música hace magia. Tiene la capacidad de cambiarnos el estado de ánimo, de evocar recuerdos y... de inspirarnos. No conozco a ningún escritor que, en un momento u otro del proceso creativo, no recurra a la música para algo. Ese algo, en mi caso, suelen ser dos cosas: ponerme en el estado de ánimo que necesito para escribir una determinada escena o capítulo y evocar a los personajes con esa canción de fondo.

Cuando empecé a escribir, hace unos tres años y medio, la música no pintaba nada en mis novelas. No es que no me importara, me inspirara o me evocara cosas... La razón es más mundana. En aquella época, tenía otro trabajo, uno al que le robaba minutos como podía para escribir. Y en aquel lugar, simplemente, no podía escuchar música (ya bastante me escaqueaba escribiendo, no iba a tirar encima de Spotify, que ya sería la leche).

Aun así... casi todas mis novelas tienen una canción. Una sola, que hace que al escucharla se me ponga la piel de gallina y me teletransporte al momento en que estaba inmersa en una historia. ¿Queréis saber cuáles son?

En Pecado, penitencia y expiación, apenas hay música. En toda la trama, solo una vez aparece, cuando Carmen se encuentra en París y escucha a Jacques Brel en un bar. Fue él, como podrían haber sido Édith Piaf o Charles Aznavour, porque ella y yo tenemos un poco de locurita con la música francesa. Pero la canción que para mí es esa novela en estado puro es la que usé como música de fondo del booktrailer. Es Lilac Wine, de Nina Simone. Aún se me pone la piel de gallina al pensar en ella.



Ni en las historias de los hermanos Sullivan ni en Sangre y tinta hay demasiada música. En esta última, en concreto, ni una sola canción, si no recuerdo mal; creo que mientras la escribía solo escuchaba el sonido metálico de una máquina de tatuar. En los Sullivan sonó Brother, de Alice in Chains, y también Bohemian Rhapsody, de Queen. Esto inauguró una tradición por la que este TEMAZO acaba apareciendo en (casi) todas mis novelas. Pero no os voy a engañar: mientras escribía estas historias, en mi cabeza no sonaba nada en concreto.

Todo cambió con la saga Destino (puedes encontrar en Spotify la lista de reproducción de la primera y la segunda parte). No sé cómo, pero con cada capítulo, con cada pequeño paso de la historia de Lucía y Diego, una canción se me metía dentro. De hecho, los títulos de cada capítulo se corresponden con una frase de esas canciones. Muchas fueron esenciales para mí a la hora de escribir Viajando hacia mi destino, de evocar momentos... Wonderwall, por supuesto, la canción con la que empieza todo; Conocerte, de Second, que escuché compulsivamente durante semanas; De las dudas infinitas, de Supersubmarina, porque es Lucía en estado puro; o Lucía, de Serrat, obviamente. Pero la canción que se me metió dentro y aún hoy me pone los pelitos de punta es Berlín, de Coque Malla. Siempre consigue trasladarme a ese piso de esa ciudad en la que nació su historia.



Con la segunda parte de la saga, Decidiendo mi destino, seguí igual. Obsesionada con algunas canciones, incluso algunas repetidas (Lucía no podía faltar, de nuevo). Años 80, de Los Piratas, fue piel de gallina durante días (¿qué tendrán Los Piratas para conseguirlo siempre?); Purple Rain, que acabó en la novela porque su capítulo lo escribí el día que se murió Prince y fue mi pequeño homenaje; Someone Like You, de Adele; o la imprescindible La vie en rose, de Édith Piaf, con la que se cierra la historia. Pero siempre siempre siempre esta novela, para mí, será Pienso en aquella tarde, de Pereza. Ay, arrepentirse de todo...



Después llegó Como te veo yo (aquí la playlist) y, si la habéis leído, sabréis que es una lucha constante entre la afición de Tyler por el country y la obsesión de Holly por Queen. Aprendí mucho de música country mientras escribía y escuché Jolene, de Dolly Parton, a niveles muy locos. Pero cuando Queen está implicado... yo caigo rendida. Así que esta novela para mí siempre irá unida a la canción más subidón que se ha escrito jamás: Don't Stop Me Now.



En Te quise como si fuera posible no hay música. ¿Por qué? Pues... no tengo ni idea. Supongo que porque, cuando Lennon y Daniel llegaron, ya no hubo espacio para nada más en mi cabeza. O en mi corazón, yo qué sé. Aún no he logrado entender por qué.

Lo compensé con Mi mundo en tus ojos (aquí la playlist), una novela en la que suena mucha música, sobre todo la que le gusta a Logan, que es un fan absoluto del pop británico de los sesenta y los setenta, una música que fue la banda sonora de mi vida durante años por motivos (ex)matrimoniales. Los Who, los Beatles, los Rolling, Small Faces... todos ellos salen en la novela, pero hay una canción que fue como un disparo al corazón en un momento muy concreto de la trama. Me había jurado no meter Bohemian Rhapsody en esta novela, porque a ratos debéis de pensar que es la única canción que conozco, pero Logan... la necesitaba. Quienes habéis leído la novela sabréis cuándo. Cuando... «I sometimes wish I'd never been born at all».



Con En una casa blanca a la orilla del mar (aquí la playlist), me hinché a escuchar música portuguesa. La Cançao do mar de Dulce Pontes o Grândola vila morena, de Zeca Afonso, que siempre consigue estremecerme. Pero hubo una canción que destacó por encima de todas: Días de verano, de Amaral, que dice en su primera frase muchas cosas que yo imaginaba en boca de Candela.



Y podría dejar aquí el repaso, pero... si me seguís en mis redes, sabréis que tengo otra novela escrita. Una que verá la luz en 2019 y que, hasta el momento, es la más especial de mi vida. Se titula La duda de Ada y tiene dos canciones. Bueno, tiene muchas más, pero... tiene sobre todo una para cada uno de ellos. De Ada y de Hugo. La de ella... es ella. Es esta:



Y la de él es tremenda. Una de las canciones que más me hace estremecerme en el mundo. Una que escuché en directo, en un concierto de Robe Iniesta en Gijón en julio del año pasado, cuando mi cabeza daba vueltas y vueltas a la historia de Ada y Hugo y que se convirtió, de inmediato, en... él. En Hugo:



Y ahora sí que esto es todo. Como muchos sabéis, podéis encontrar todas estas canciones en mi perfil de Spotify, donde hay una playlist para cada una de mis novelas (menos para las que no tienen música, obviamente). Algunas están aún ocultas... pero os puedo adelantar que ahora mismo, en mi casa, suena The Way We Were, de Barbra Streisand. Y hasta ahí puedo contar.



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