martes, 12 de mayo de 2015

Salir del armario


Hace algunos días, acabé –al fin– las correcciones de mi novela. Pecado, penitencia y expiación es ya una realidad, a la espera de qué vaya a pasar con su publicación. Escribirla ha sido maravilloso, reconfortante y hasta terapéutico. Corregirla ha sido un poco más arduo, pero todo quedó compensado en el momento en que, tras algo así como un millón de relecturas parciales, pude leerla por fin del tirón y... me gustó. Me gustó mucho, la verdad, aunque estaba aterrorizada a que me entrara uno de esos ataques furibundos de autocrítica en los que a veces me vapuleo yo sola. Considero, por tanto, que lo más importante está hecho: he disfrutado escribiendo y he quedado satisfecha con el resultado. ¿Y ahora qué?

Novela romántica contemporánea Pecado, penitencia y expiación


Ahora toca salir del armario. Decirle a la gente que estás escribiendo. O que ya has escrito. O que escribes, así, en general. Y eso da mucho miedito.

Yo creía que era la única a la que le pasaba, creía que había una extraña mezcla de pudor y autocrítica en lo que me ocurría, hasta que descubrí que es uno de los miedos por excelencia de todo escritor. Hasta el punto de que es probable que haya grandes obras escondidas en un manuscrito que su autor no se ha atrevido a dejar que vea la luz. Yo no creo que Pecado, penitencia y expiación sea una obra maestra, ni que el mundo se vaya a perder nada si no llega a publicarse, pero me daría mucha pena no compartirla con nadie.

Mientras la escribía, casi hasta que estaba terminada, solo me atreví a contárselo a una persona. Persona que tuvo que aguantar todas las neuras que me venían (gracias, Juan). Cuando ya la veía próxima a acabarse, fui confesándolo a otras personas. A mis amigas, en el grupo de terapia que tenemos vía whatsapp. A un par de amigos chicos (implicó emborracharme/los). A mi madre (implicó emborracharnos ambas mucho más de lo confesable). A algunos amigos más. A algunas personas del trabajo. Y, así, he ido soltando ese miedo que me atenazaba hace aproximadamente un mes. Aún me quedan muchos pasos por dar (acabar de contárselo a todo el mundo, atreverme a hablar de la novela en mi Facebook...), pero voy avanzando.

Por si alguien está pasando por esa fase de apertura del armario, voy a explicar los porqués de mi miedo, a ver si alguien se solidariza conmigo o los comprende o, simplemente, los sufre en silencio. Hay mucha teoría escrita sobre las causas de ese pudor del escritor, y coincido con casi todo lo que he leído, pero estas cuatro son mis razones, mías y solo mías:

1. Porque a la gente se le mete en la cabeza que todo es autobiográfico. Da igual que escribas novela romántica, negra o de ciencia ficción. Tus conocidos te van a buscar en las protagonistas, y tus amigos, que se saben tu vida de memoria, van a buscar en la historia que escribes los ecos de algo que te ha ocurrido en tu vida (y van a presuponer que te dejó tan traumatizada que has tenido que escribir una novela para exorcizar el dolor). Y, en esto, empiezo a pensar que daría igual que la historia tratase sobre unos alienígenas que quieren tomar el control del planeta Tierra. Mis amigos pensarían que estoy planificando algo así.

2. Porque escribo guarrindongadas. Que sí, que es un argumento muy simplón, pero no me seduce demasiado la idea de que mi madre lea una descripción detallada de una mamada una escena de sexo oral, escrita por quien un día fue su dulce hija de ocho años. Y aquí retomo el punto anterior: NO es una autobiografía. En este aspecto en concreto... ¡ya me hubiera gustado!

3. Porque "no me pega nada" el género romántico. Pues no, ya lo sé. Porque vivimos pegados al estereotipo. Y como me encanta beber cerveza viendo un partido de fútbol, no me puede gustar la novela romántica / erótica. Pues sí, me gusta. Lo cual no significa que sea una ñoña ni que tenga por qué aceptar un montón de etiquetas gratuitas. Porque dos de mis películas favoritas forever and ever son "Dirty Dancing" y "Arma Letal" (me sé de memoria la uno, la dos, la tres y la pelea con el chino de la cuatro). Y porque en mi iPod conviven Extremoduro y Sinatra y mira tú qué drama. Que en eso consiste la vida, leche, ¡en la diversidad! Pero, vale, sí, me he puesto muy zen pero la puta realidad es que me sigue dando vergüencica que mis amigos lean que mi protagonista sintió que iba a desmayarse la primera vez que vio a su amado (que no, que no es literal, no tiro tanto de topicazo).

4. (y último) Porque todo el mundo cree que esto va de Cincuenta sombras de Grey y me muero de pereza si tengo que explicar las 3.528 razones por las cuales no tiene absolutamente nada que ver.

Y eso. Que Abril Camino está fuera del armario.

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