jueves, 30 de marzo de 2017

Los escenarios reales de la Saga Destino | Parte 2: Viena, Bratislava y Budapest

Los escenarios reales de la Saga Destino | Parte 2: Viena, Bratislava y Budapest

¡Hola a todos!

Hace unas semanas, os presentaba (por petición popular) algunos de los escenarios en los que transcurre la Saga Destino o, mejor dicho, su primera parte, Viajando hacia mi destino. Ha sido una de las entradas más vistas de los últimos meses, así que... hoy llega la segunda parte. Hoy os voy a hablar de los tres destinos que me quedaron pendientes de ese viaje en tren que es el germen de la historia de amor de Diego y Lucía: de Viena, de Bratislava y de Budapest. Antes de ir con ellas, os digo lo mismo que la otra vez: si aún no habéis leído Viajando hacia mi destino, esta entrada está llenita de spoilers (solo de la primera parte, de Decidiendo mi destino, ni uno). Vamos allá.

Viena


Si hay un adjetivo para cada ciudad del mundo, si Londres es cosmopolita, Berlín bohemia y París romántica, entonces Viena tiene que ser IMPERIAL. Sí, con mayúsculas. Es una de las ciudades más bonitas en las que he estado (aunque, como siempre digo, las ciudad bonitas nunca son mis favoritas). Lucía y Diego llegan a ella por separado y bastante enfadados, como sabréis. Pero, bueno, lo arreglaron bastante rápido (ejem, ejem).


Viena

Estos son los lugares en los que yo estuve que aparecen en la novela:

- Lo más bonito de Viena, para mí, son todos los monumentos que hay en la Ringstrasse, todos esos que visitan Diego y Lucía: la Biblioteca Palatina (fundamental para frikis de los libros), la Escuela Española de Equitación y el Palacio de Hofburg. Hay otros muchos lugares que merecen la pena en la zona, pero la verdad es que el día que les iba a dedicar yo en Viena cayó el diluvio universal y, bueno, ya sabéis que los viajes se disfrutan menos con lluvia.


Biblioteca Palatina (Viena)
La Biblioteca Palatina
(estaba prohibido hacer fotos, no es que sea TAN mala con la cámara)

- La otra maravilla de Viena, para mí, es el Prater. Es un parque de atracciones antiguo, precioso, con un sabor clásico que, sin tener nada que ver, a mí me recordó a Coney Island (que, si habéis leído la serie de los Sullivan, habréis notado que es uno de mis lugares favoritos de Nueva York). La noria es un must absoluto y la foto en las cabinas, aunque horterilla y súper retocada, como veréis, también 😉.


Noria del Práter

En la noria del Prater se desarrolla una de mis escenas favoritas de toda la saga, pero, como pertenece a Decidiendo mi destino, prefiero quedarme calladita y que la descubráis si aún no lo habéis hecho. 


Esta cabina habilitada como restaurante privado fue el germen de la inspiración de ESA escena 😜

Y esta canción de Juan Perro, que da título al capítulo en el que Diego y Lucía visitan por primera vez el Prater, es amor absoluto.



- Como ya os conté el día que desvelé unos cuantos secretos sobre mí misma, una de mis pasiones en esta vida es la ópera. Se me ocurren pocas ciudades mejores donde disfrutarla que en Viena, aunque yo me tuve que conformar con visitar el edificio fuera de representación. Lucía y Diego, en cambio, sí van a la ópera en Viena, en concreto, a Nabucco. Pero no me lo he inventado todo, no. Yo asistí a la representación de Nabucco, pero en Praga, en una ópera mucho más pequeña que la de Viena, pero que a mí me pareció llena de encanto. 

- El palacio de Schönbrunn es otro de los lugares imprescindibles de Viena. No voy a decir que es feo porque estaría mal de la cabeza, pero... no es para mí. Me agobian un poco los superpalacios. Me pasó hasta en Versalles. Y todo lo autodenominado romántico, también (muy coherente con lo que escribo, lo sé). Schönbrunn tiene todo ese encanto de Sissi emperatriz y de la Viena imperial en todo su esplendor que a mí... me dio un poco de pereza. Diego y Lucía, además de visitarlo, también asisten a un concierto en su Orangerie. Eso sí lo hice y, para mí, fue una experiencia increíble. Fue concretamente este.


Orangerie del Palacio de Schönbrunn
El concierto al que asisten Lucía y Diego... más o menos.

- El apartamento en el que se alojan es el mismo en el que me alojé yo, y su descripción es exacta. Es este.

- Por último, hay un consejo sobre Viena que es el más importante que nadie os dará jamás: probad la tarta Sacher, cueste lo que cueste (la versión en miniatura es bastante barata en comparación con el resto). Es la muerte por chocolate más maravillosa de este santo mundo.

Bratislava

A Bratislava yo llegué desde Budapest (recordemos que mi viaje fue en sentido contrario al de Diego y Lucía), pero ellos llegaron desde Viena. En barco por el Danubio, nada más y nada menos, en un trayecto que yo hice en sentido opuesto cuando me fui de la ciudad (de Bratislava a Viena). Fue barato (menos que el tren, pero más rápido y las vistas y el encanto de ir en barco merecen la pena) y hay un par de rutas al día, que tardan como una hora y media, más o menos. Se pueden reservar aquí.


Bratislava

Como dice Diego en algún momento de la novela, Bratislava parece más un pequeño pueblo centroeuropeo que la capital de un país, pero ahí reside precisamente su encanto. Aunque, no nos engañemos, con un día en la ciudad... vamos sobrados. Un paseo por el centro, la puerta de San Miguel, las originales estatuas que aparecen donde menos se espera, y el Castillo. Poco más. Perfecta la opción que eligieron Diego y Lucía: recorrerlo en uno de los trenecitos turísticos que esperan en la plaza Central. Tirados de precio y te llevan de un lado a otro explicándolo todo. En un viaje tan largo, yo lo agradecí un montón.


Castillo de Bratislava
Castillo de Bratislava

El alojamiento en el que duermen (y otras cosicas) Diego y Lucía es el mismo exactamente en el que me alojé yo. Un botel (barco-hotel) sobre el Danubio que era un poco cutrecillo, pero tenía muchísimo encanto, un restaurante indio y, encima, fue tirado de precio (a mí me costó 28 euros una doble con desayuno). Es este.


Botel Marina (Bratislava)
Estas eran las vistas desde el botel. ¿Hola? Quiero volver... ¡ya!

Budapest


Budapest es la única ciudad de todo ese viaje en la que ya había estado antes de la Semana Santa de 2015. Hay quien le llama a Budapest la París del este y creo que no exageran demasiado. Aunque tiene ese encanto decadente de los países del antiguo Telón de Acero (que se puede traducir en que le falta una manita de pintura y una hidrolavadora), hay una parte imperial que es brutal. Yo empecé en Budapest mi viaje, y Diego y Lucía lo acabaron, pero hubo unas cuantas experiencias que fueron muy parecidas. A saber:


Budapest

- La zona de Buda es la más difícil de ver. Es una colina y las distancias son tremendas, pero, si hay que elegir algo, el entorno del Castillo y el Bastión de los Pescadores son una maravilla. 


El Bastión de los Pescadores
El Bastión de los Pescadores

- El funicular en el que bajan al entorno del río existe y es tal cual se describe en la novela.


El funicular de Buda
El funicular de Buda

- Pest es una zona más urbana, más europeizada y con un edificio que a mí me maravilla como muy pocos en el mundo: el Parlamento. La visita al interior la he hecho ya dos veces y las dos me ha decepcionado un poco, pero desde fuera es... 💕💕💕💕. También la Basílica de San Esteban, la Sinagoga, el puente de las Cadenas, la plaza de los Héroes...


Parlamento de Budapest iluminado
El Parlamento de Budapest iluminado

- Otra experiencia maravillosa que se debe vivir en Budapest es visitar sus dos cafeterías más míticas: Gerbeaud y el Café New York. Los dos son caros (sobre todo el New York), pero los dos son espectaculares, en su decoración y en las maravillas gastronómicas que venden (también aquí, sobre todo el New York). De verdad, uno de los cafés más lujosos (por no decir el más) que he visto en mi vida.


Café Gerbaud
Cositas como esta sirven en el Café Gerbeaud

- Lucía, Leo, Dirk y Diego cenan una noche en un crucero por el Danubio. Aunque yo no soy muy fan de ese tipo de cosas turísticas, creo que esta en concreto merece mucho la pena. Incluso el crucero sin cena también la merece, que también lo he probado. Yo de la cena no os puedo hablar mucho porque... la noche anterior se me habían ido un poquito de las manos los Long Island Iced Tea, y no estaba mi estómago para aspavientos. El Parlamento iluminado desde el barco es la vista más bonita que se puede tener de Budapest y de casi cualquier lugar del mundo, creo yo.


Long Island Iced Tea
Como la foto del Parlamento iluminada ya la he puesto ahí arriba,
dejo mejor la foto del culpable de que lo pasara tan malamente en ese crucero

- Por cierto, la zona por la que se me fueron de la mano los Long Island Iced Tea, y que tiene un ambientazo de pubs con música en directo buenísimo, es esta. La misma por donde salen los cuatro chicos en su primera noche en la ciudad.

- Una cosa que yo hice en mi primera visita a Budapest, pero que Diego y Lucía se saltaron porque estaban demasiado ocupados con otros menesteres es la visita a un balneario. Son cultura auténtica de la ciudad y es el mejor lugar para perderse entre los ciudadanos locales. Mi recomendación (vamos, el único en el que he estado) es el Szécheny.

Uno de los platos típicos de Budapest: sopa dentro de un pan. Una genialidad.

Y esto es todo por hoy (que no es poco). Perdonad que vaya lenta en la actualización de esta especie de «guía de viaje de la Saga Destino», pero me lleva muchísimo tiempo buscar toda la info. La próxima vez que tenga tiempo, la liquidamos ya, con Madrid (el escenario por excelencia de Decidiendo mi destino), Berlín, por supuesto, y un pequeño pueblo portugués del que todavía me tengo que pensar si quiero dar tantos datos o prefiero seguir guardándomelo para mí.

Nos vemos la semana que viene con... ¡¡grandes novedades!!

Un beso a todas.


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