jueves, 28 de enero de 2016

Londres: The Place Where I Belong (Parte 2)

Londres, The Place Where I Belong (Parte 2)

La semana pasada os hablé del este de Londres. Este es un blog literario, así que no se me ocurre mejor manera de diferenciar el este del oeste que a través de los libros. El este es el escenario de los crímenes, la prostitución y la miseria. Lo podéis encontrar, de forma magistral, claro, en las historias de Sherlock Holmes o en la novela negra victoriana de Anne Perry. El oeste es el Londres aristocrático, ese lugar donde tenía su mansión el señor Darcy, desde donde la reina Victoria dirigía el mayor imperio de la historia y donde las irritantes damiselas del XIX compraban sombreros en Bond Street.

No hay un Londres mejor que el otro. No hay ni siquiera una frontera clara entre el este y el oeste. Ni hay solo ambiente under en el este ni hay solo oropeles en el oeste. Si el este y el oeste de Londres fueran dos ciudades diferentes, probablemente serían mis dos ciudades favoritas del mundo, así que no hay por qué elegir.

¿Queréis conocer mis 10 must del oeste? Pues vamos allá:

#1 El London Eye
Venga, por todo lo alto con las turistadas. Subir a la noria del Milenio era una de mis asignaturas pendientes de todas mis anteriores visitas a Londres. Y, después de tacharla del check list en mi última visita, sé que nunca volveré a Londres sin pasarme por allí. Que no os echen para atrás las colas (ese fue el motivo por el que siempre había renunciado a ir). El día que, finalmente, me subí al London Eye había una cola que daba miedo y... en 12 minutos estaba ya en la cabina. No me preguntéis cómo, pero está muy bien montado.

Si sobrevivís al saltito que hay que dar para acceder a las mega-cabinas (no es una broma, yo casi me dejo los dientes... claro que tampoco es que yo sea Nadia Comanecci)... eso, que una vez arriba, alucinaréis con las vistas. Yo fui por la noche. Bueno, era diciembre... casi todo el día es de noche. No me arrepiento de haber elegido ver la ciudad iluminada, aunque me ha quedado el gusanillo de disfrutarla también en uno de esos maravillosos momentos en que Londres nos enseña el sol. Lo dicho... el London Eye es un súper must.

Vistas desde el London Eye

#2 El eje Mayfair-Belgrave-Marylebone
Nunca he entendido muy bien cuáles son las fronteras de estos distritos de Londres, pero tampoco estamos aquí para hacer cartografía, así que, para entendernos, me refiero a todo el entorno oriental de Hyde Park. Pero no hablo de lo archiconocido, sino de lo cotidiano. Bueno... si se le puede llamar 'cotidiano' a las maravillosas casas blancas con la entrada presidida por dos columnas. Esas casas son más londinenses que Buckingham Palace. Con su basement y sus ratones incluidos. Hoy en día, dada la locura inmobiliaria que es Londres, muchas de ellas están reconvertidas en hoteles y hostales de todas las categorías imaginables. Si siempre habéis querido alojaros en una de estas casas y revivir los tiempos de gloria en que acogían reuniones sociales durante la temporada, no lo dudéis. Yo lo he hecho varias veces y solo puedo daros un consejo: elegid bien; recordad lo que he dicho unas líneas más arriba: su basement y sus ratones. Avisados quedáis.

En estas zonas residenciales es difícil delimitar qué es turístico y qué no lo es. A mí en Londres me parecen fantásticas hasta las paradas de autobús, así que es complicado fiarse de mi palabra. Decidid vosotros mismos de qué os enamoráis. Si queréis ver una curiosidad de esas que dan para contar una anécdota en el futuro, visitad las casas falsas de Leinster Gardens.

#3 Las mejores tiendas del mundo
El equivalente londinense al Quadrilatero d'Oro milanés, los Campos Elíseos de París o la soñada Quinta Avenida de Nueva York, es el triángulo (que no lo es exactamente) Oxford Street - Regent Street - New Bond Street. Si no tenéis demasiado tiempo, yo me quedaría con Regent, por cierto.

¿Qué podéis encontrar en estas calles? Pues imaginaos... todo. Yo me quedo con los grandes almacenes, esos que hacen que El Corte Inglés parezca un todo-a-cien: Selfridges, House of Fraser y, mi favorito, Fortnum & Mason (si tenéis oportunidad, no os perdáis la hora del té... y el té en sí, claro; el mejor Earl Grey que os podáis imaginar).

En Regent Street están algunas de mis tiendas favoritas del mundo. Y no, no hablo solo de las marcas. Marcas me gustan demasiadas. Me refiero a los locales en sí. Muchas tiendas de Regent Street desafían el límite del lujo, pero hay dos que son, sin ninguna duda, mis dos locales favoritos del mundo: la flagship de Burberry y la juguetería Hamley's. No sé ni qué contaros sobre ellas. En serio, id y luego me lo contáis vosotros.

Para las muy fanáticas del Londres aristocrático, podéis hacer un pequeñísimo desvío hacia Savile Row. Savile Row es una calle mítica en el mundo de la sastrería. Es, de hecho, LA calle mítica de la sastrería mundial. El propio concepto de sastrería, con cita previa y demás, hace que la calle pase desapercibida, sin grandes escaparates ni luces de colores en Navidad. Pero yo no puedo evitar imaginarme en ella a Darcy, renovando el fondo de armario antes de marchar hacia Pemberley o al duque de Windsor cargado de trajes camino de su exilio de amor. Mitómana que es una, ya sabéis.

#4 Carnaby
Mi calle favorita de Londres, sin paliativos. Solo ver su decoración, sin ninguna necesidad de que sean fechas señaladas, ya empiezo a hiperventilar. Y ni os cuento cuando veo Liberty, o cualquiera de sus tiendas híper cuquis, o cuando me tomo unas cuantas pintas en el Shakespeare's Head o en O'Neill's. El paraíso en la tierra.

Carnaby Street

#5 Westminster
El Parlamento, el Big Ben, la Abadía de Westminster... esas cositas. Por fuera, los edificios históricos de Westminster nos teletransportan a través de siglos y siglos de historia de la ciudad más importante de la humanidad. Así, solo eso. Pero, ¿y por dentro? A poco que te guste la historia, eso ya es morirse. La Abadía de Westminster, en sí misma, se merece un día entero de visita. Yo solo he ido una vez, unas tres horas, y no me llegó el tiempo a nada. Solo ir siguiendo la audioguía de tumba en tumba ya es una lección de historia en sí misma.

Abadía de Westminster

Las Houses of Parliament es otra auténtica maravilla arquitectónica e histórica. No es fácil conseguir entradas (se pueden comprar a través de la web del Parlamento británico), pero os puedo asegurar que el esfuerzo merece la pena. La visita (con audioguía) incluye la visita a la Cámara de los Comunes y la de los Lores. No sé a vosotros, pero a mí me pirra visitar esos lugares que he visto cientos de veces en televisión, dejando decisiones para la historia.

Houses of Parliament

Como ya pudisteis comprobar la semana pasada, el este de Londres y todo su rollito under me apasionan, pero ya vais viendo que a las cosas del palo pijo tampoco les hago ascos.

#6 Kensington & Chelsea
La zona de Knightsbridge, South Kensington, Chelsea, etc. la conoceréis todas por el que se ha convertido, muy a mi pesar, en uno de los iconos de Londres: Harrods. Soy muy poco fan de estos grandes almacenes. Creo que cualquiera de los que mencioné antes de la zona de Oxford Street le dan cuatro mil vueltas. Pero Harrods es un icono, eso es así. Antes, lo más molón de Harrods –sobre todo si sois unos frikis de los perros, como yo– era el Pet Kingdom, una planta casi entera en la que le podía comprar uno cualquiera cosa imaginable a su mascota, mientras se observaba a un caniche cualquiera disfrutando del spa. Verídico, lo vieron estos ojitos. Ahora, lo mejor de Harrods es, sin ninguna duda, la planta de alimentación en la que te apetecerá comértelo TODO. En serio, es absolutamente alucinante. Bueno, y el "monumento" a Lady Di, claro, que lo kitsch siempre tiene su punto.

En mi opinión, lo mejor, de largo, de esta zona al oeste de Hyde Park es el Museo de Historia Natural. Y os lo digo yo, que soy lo más de letras que se puede ser. Dentro hay dinosaurios, meteoritos, ballenas y todas esas cosas que fascinan a la gente de ciencias. Yo, cada vez que voy, me quedo maravillada con el edificio. En mi humilde opinión, el más impresionante de una ciudad en la que todo es espectacular. ¡Ah! Y todo gratis, como todos los museos de la ciudad.

Museo de Historia Natural

#7 Notting Hill
Con Notting Hill, yo tengo un poco de relación de amor-odio; de hecho, hace años que no voy. No sé, es como si tuviera miedo a que, de repente, me saliera Hugh Grant de un jardín. Locuras mías, no me hagáis mucho caso. Que tampoco veo yo dónde estaría lo malo en que me asaltara Hugh Grant...

Portobello Market
Portobello, cuando él era un mercado molón
y yo, una persona increíblemente joven
A lo que iba, que me disperso... Notting Hill tiene encanto, eso no se le puede negar. Y, los sábados, tiene el mercado de Portobello Market, que es un must de primera visita londinense. El concepto must de primera visita londinense incluye el cambio de guardia, Hyde Park, Piccadilly (perdón, lo odio), el anteriormente mencionado Harrods y otra serie de cosas que, aunque suelen decepcionar un poco, hay que ver sí o si. Lo mejor que se puede decir de Portobello Market es que es un lugar precioso. Pero molón, molón de verdad, no es. Ese adjetivo queda reservado a espacios como Candem, Brick Lane y otros muchos dispersos por zonas muy variadas de la ciudad.

#8 Covent Garden y su entorno
Hay una única cosa que repito en todas mis visitas a Londres: Covent Garden. No sé si es mi lugar favorito de la ciudad porque me resulta imposible elegir, pero sí es a la que le soy más fiel. Y hay un paseo londinense al que rindo pleitesía cada vez que visito la ciudad, quizá porque me recuerda a tiempos muy felices, y a visitas sorpresa a la ciudad. Que sí, que ya os lo cuento.

Metro a Covent Garden desde el puto lugar alejado donde Dios haya querido que me aloje. Una vuelta hacia el norte de la estación, en dirección contraria al mercado en sí. Es la zona de Seven Dials, donde encontraréis maravillas como el oasis hippy de Neal's Yard, por decir solo una. Paseíto de regreso hacia el mercado. Vueltas y vueltas maravillada por el Apple Market. Compra de alguna cosa absolutamente cuqui e innecesaria. Recorrer la plaza (en los buenos tiempos os diría que no os perdieseis la jacket potato del puesto callejero frente al Museo del Transporte, pero la última vez que he ido, había mutado en un puesto de perritos... maldita sea). Si voy bien de tiempo, desvío hacia la zona Soho, Chinatown (decepcionante siempre) y los teatros del West End. Inciso, ya que hablamos de teatros: si queréis saber lo que es bueno, cruzad muy fuerte los dedos para que el musical We Will Rock You regrese a su lugar en Tottenham Court Road (salir del metro este último diciembre y no ver la estatua de Freddie casi me hace saltar las lágrimas). Volviendo al paseíto: desde donde sea que estemos, bajar hacia el Strand y enfilar hacia Trafalgar Square. Quedarse maravillado con la grandiosidad de la plaza y la estatua de Nelson. Si es Navidad, vivir un momento de decepción con el archifamoso árbol de Trafalgar, que parece un pino hambriento más que algo reseñable. Fliparlo con lo preciosísima que es la estación de Charing Cross Road. Si estamos especialmente cultos (y, sin ninguna duda, si no hemos estado antes), National Gallery. Eso sí que es un must museístico (gratis también). Y finalizar el recorrido en el Whetherspoon de Whitehall, que sí, es una cadena de pubs, no algo especialmente bucólico, pero la combinación de pinta de Foster's con hamburguesa de queso Stilton por menos de diez libras es una de las mejores cosas que os van a pasar en la vida.

¿Habéis entendido ya por qué hago esto cada vez que voy a Londres?

#9 Candem
Candem... En esta entrada sobre el Londres más aristocrático, no sé muy bien qué pinta Candem, pero, chico, yo no decidí que estuviera en el norte de la ciudad, en lugar de en el este. Por cierto, ya que tiráis hacia el norte, podéis hacer una parada en el British Museum (otro más que es gratis), aunque solo sea por eliminar la piedra Rosetta de la lista de cosas que hay que ver antes de morir. Bueno, y por muchas otras razones, claro. Y, si sois unos frikis de Harry Potter, es imprescindible la visita al andén 9 3/4 en King's Cross Station.

Harry Potter en King's Cross Station
Mi infinita ausencia de sentido del ridículo y yo
Sobre Candem solo puedo decir que preparéis, o bien la cartera, o bien la fuerza de voluntad. Candem se ha vuelto caro, carísimo, pero merece la pena siempre. El puente Candem Lock, las increíbles fachadas de los edificios, las tiendas de ropa steampunk, los mercados dentro del mercado, las caballerizas y, por supuesto, Cyberdog, que es una tienda en la que, fácilmente, podría quedarme a vivir. Dios, ha sido pensar en Cyberdog y ponerme a hiperventilar.

Cyberdog

Si vais un sábado, acabaréis un poco saturados, pero... no nos engañemos, Candem no sería Candem sin el agobio de gente y el «joder, qué caro se ha puesto todo». ¡Ah! Y, si queréis aprovechar una visita a Londres para tatuaros, en Candem están, posiblemente, los mejores artistas del mundo. Es algo que tengo en mi lista de asuntos pendientes (no, mamá, es broma) (no).

Fachadas en Candem

#10 El sur del río
Hay vida más allá del río. El sur de Londres tiene una historia propia fascinante. Sin aburriros demasiado, lo resumiré en que durante siglos fue un borough independiente (Southwark) con mayores libertades que el norte del Támesis, lo que le dio una configuración que permanece aún en muchas de sus calles. Recomendables del sur (de oeste a este): la catedral de Southwark, el Borough Market, el Shakespeare's Globe (maravilloso si podéis ir a una representación en directo), el HMS Belfast, el Shard (al que le debo una visita inaugural) y la Tate Modern que, por cierto, también es gratuita y desde cuya cafetería posiblemente podáis tener las mejores vistas de la ciudad (con permiso del London Eye).

Si contáis con más días y os apetece saliros un poco de la ciudad en sí, podéis coger un barco a Greenwich. Hay mil diarios y, en caso de que os quedéis sin barco de vuelta (acaban demasiado pronto), siempre podéis regresar en metro. Hubo un tiempo en que Greenwich era una de los mejores lugares de Londres, con el acceso gratuito a la Meridian Line y el Cutty Sark recibiendo a los turistas en pleno puerto. Ahora todo es de pago y más cuqui y mejor organizado, pero ha perdido el 99% del encanto. Aunque sigue siendo el mejor lugar de Londres para comer fish and chips y, solo por eso, ya merece alguna visita.

Meridian Line

¿Se me ha ido un poco de extensión el post? No-qué-va-pa-ra-na-da. Cómo se me va la olla cuando hablo de las cosas que me apasionan, madre mía. Si habéis llegado hasta aquí, héroes míos, ya habréis deducido que estoy jodidamente enamorada de Londres. Hace veinticuatro días que he regresado de mi última visita y ya estoy pensando en volver. Mientras tanto, seguiré viajando y trayéndoos mis escenarios de novela romántica a este rincón del blog, aunque, después de haber vivido Londres, tendré que hacer un esfuerzo para que cualquier otro lugar no me parezca un triste sucedáneo.

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