lunes, 25 de mayo de 2015

La teoría de las fases


En todos los grupos de amigas hay una tía sabia. Posiblemente hay más de una, de hecho. Y no hablo de la cultureta repelente que todo lo sabe (con esto del escriturismo, me jode mucho pensar que, en mi grupo, la cultureta soy yo). Pero a lo que iba... La tía sabia.

La sabiduría hecha mujer de mi grupo de amigas es mi Helen. Y lo es por miles de cosas que nos ha ido demostrando a lo largo de los años. Seguramente, la causa de su sabiduría es que le ha pasado un poco de todo en la vida y que ha sufrido cual torero en una biblioteca (¿esto es políticamente incorrecto? ¿lo suficiente?). Porque mi Helen es un poco drama queen, no nos vamos a engañar. Como fruto de algunas historias truncadas y supongo que de la experiencia personal como persona desequilibrada mental (algo en lo que tampoco ha ayudado la fauna de la que se rodea, es decir, todas nosotras), Helen elaboró la teoría de las fases. La teoría de las fases que se pasan (y, sobre todo, que HAY QUE PASAR) tras una ruptura de esas serias, de las desgarradoras. Las del "me quiero morir" y el helado de chocolate con cookies de Hacendado.


A mí, la teoría de las fases es de lo poco que me mantuvo cuerda en un determinado momento de mi vida. Así que siento la necesidad de compartirla con vosotras, arriesgándome a que la muy perra, que es abogada, me demande por algún tema de copyright:

FASE 1: Esto es exactamente lo que tenía que ocurrir y estoy tranquila. Solo lloro por inercia.
Esta fase solo es aplicable si la ruptura no te pilla por sorpresa. Si tu marido / novio aparece en casa un día, después de semanas, meses y años respirando amor y vídeos de gatitos de YouTube y te dice que «adiós, muy buenas, me he enamorado de otra» (porque siempre hay otra, SIEMPRE, este será otro post, pero, en serio, SIEMPRE), pasas directamente a la fase 2. Vale, aunque en realidad, eso tampoco lo dicen. Es todo más «adiós, muy buenas, te sigo queriendo muchísimo, pero ya no estoy enamorado de ti» porque la cobardía es bastante intrínseca al ser humano (no digas "masculino", es un cliché, no lo digas) masculino (mierda).
Me estoy yendo del tema. Tela marinera, además. A lo que iba. Que si tu ruptura es de esas que vienen precedida de semanas, meses o años (algunos somos muy pro en lo de hacernos daño) de broncas, reproches y esparcimiento de mierda por la vía del ventilador, al final, los primeros días de la ruptura, te invade una extraña serenidad. Estás soberanamente triste, sí, pero en casa ya no hay gritos, ya te has liberado del miedo a que todo se acabe rompiendo (porque ya está roto, claro) y todo el mundo está muy pendiente de ti. Bueno, todo el mundo está muy pendiente de ti si tienes unos amigos estupendos y no te guardas todo dentro, QUE ES LO PUTO PEOR QUE SE PUEDE HACER. Yo, a los trece segundos del portazo final, tenía abiertas unas doce conversaciones de whatsapp y olé por mí.
Pues lo dicho, fase 1, me quedo tranquilita, porque esto era lo mejor, la relación no tenía arreglo y así podremos reconstruirnos desde cero y quizá algún día la vida nos vuelva a juntar. Aaaaaay, hermana, lo que te queda aún por delante.

FASE 2: Mi relación es lo puto mejor que le ha pasado a nadie en toda la historia y que se haya acabado me conduce directa a un mundo de dolor del que jamás sabré salir.
Esta fase es la peor, ya aviso. Aquí te sientes morir. De repente, que haya tranquilidad en casa es un tema que te la suda. Quieres que vuelva, como sea, a cualquier precio, aunque las broncas sean una constante y los vecinos no sepan si llamar a la policía o a Callejeros. Aquí solo hay dos opciones: o no comes absolutamente nada o te alimentas a atracones de hidratos de carbono (siempre son hidratos, nadie ha superado una ruptura a fuerza de proteína). Y fumas compulsivamente (no tengo ni idea de cómo superan las rupturas las no fumadoras, pero me lo imagino terrorífico). Y lloras. Lloras un montón. Como si no hubiera un mañana. Y tus amigas te quieren consolar, pero no lo consiguen. Y si en el medio de los consuelos se les escapa «joder, qué cabrón», les arrancas los dientes porque han insultado al amor de tu vida, al padre de tus hijos nonatos, al héroe de tu puta novela romántica mental.

Me ha venido angustia solo de pensar en esta fase. Seriously. Solo puedo decir: durará más o menos, pero acaba pasando. Acaba pasando porque llega la fase 3. Y que Dios nos pille confesados.

FASE 3: Es un hijo de puta, lo odio, lo voy a castrar, hacerle comer sus propios huevos y luego enterrarlo vivo.
Esta fase es bastante graciosa para los que te rodean, no nos vamos a engañar. Aquí entras en barrena y le deseas lo peor. Lo puto peor. Lo odias y lo repites hasta la saciedad. Por supuesto, con alcohol es todo muchísimo peor. Ahí es cuando dejas de repetirlo en tono normal y empiezas a gritarlo. Y, aunque nunca en tu vida hayas sido celosa, cualquier mujer que se acerque a menos de doce metros de él, va a ser una puta reputa. También es la fase en la que cotilleas su Facebook y si, Dios no lo quiera, le da me gusta a la foto de un gatito, entras en fase de odio extremo porque cuando estaba contigo prefería los perros y si ahora le gustan los gatos es porque alguna puta reputa le obliga. Vamos, esta fase es de frenopático. Es la de tocar fondo. De hecho, el fondo es ese lugar en el que están todos tus amigos, con la cabeza ladeada y cara de pena, mirándote, escuchándote gritar que lo odias, mientras por dentro piensan "Sigue loca por él". 
La buena noticia: no hay nada más abajo del fondo.

FASE 4: Mi vida es mía y pobre del que ose acaparar una sola parcela de ella.
Empiezan las buenas noticias: esta es la primera fase de la recuperación. En esta fase, te das cuenta de que en realidad te encanta la tortilla de patatas con cebolla y llevas años sin comerla porque él la prefería sin ella. O cualquier otro detalle chorras del estilo. Y te crece una especie de rabia interna que, buena noticia de nuevo, no es contra él sino contra ti. Y ahí te das cuenta de que hay una parte de ti que no volverás a prestarle a nadie. Puede ser no ceder en cómo preparas la tortilla o algo realmente trascendente (suponiendo que la tortilla de patatas no lo sea). Pero ahí está la realidad de que las riendas de tu vida vuelven a ser tuyas, tus decisiones las tomas tú y, para bien o para mal, has perdido un poco de inocencia y te has hecho más dura. Yo, pasado un tiempo y muchas reflexiones, estoy convencida de que es para bien.
Seguimos, que ya casi estamos, y viene lo mejor.


FASE 5: Me he tirado a un tío bueno. Quiero aplausos.

Aquí hay poco que explicar, ¿no? No querría parecer superficial, no tiene por qué ser un tío bueno. Vale un chico normal. ¿Ha colado? Espero que no, porque, en serio, tiene que estar lo más bueno posible e irle bastante la marcha, que llevas semanas/meses de sequía.

Hasta aquí la teoría de las fases, a la cual hay que añadir la norma fundamental: no saltarse nunca ninguna. Jamás. Pase lo que pase. Y me remito a ejemplos:
- Empezar por la fase del odio sin haber llorado las anteriores: error. Acabarás llorando en un portal amorrada a una botella de whisky.
- Tirarte a un tío bueno a los tres días de romper: error. Acabarás llorando de culpabilidad y asumiendo que te dejó porque te lo merecías. Cómo nos gusta el drama.
- Pretender tomar las riendas de tu vida cuando aún no estás preparada: error. Acabarás comiendo la tortilla de patatas sin cebolla como homenaje a él. Que somos muy taradas, en serio.
Y así con cualquier ejemplo. Los intentos de saltarte una fase o de tratar de acortarla artificialmente por el método del autoconvencimiento, nos suele lanzar a la casilla inicial o, al menos, nos hace retroceder un par de fases. La tentación de hacer un 1-3-5 está siempre ahí, creedme, pero es un error.


¿Es o no sabia mi amiga Helen? Pues que sepáis, que algún día profundizaré en su otra gran teoría sobre las relaciones. Se titula "Lo que parece, es" y, en serio, es fantástica. La teoría y ella. Ambas.


PD: A Helen y a las demás... Gracias por este último año. Y por todo lo demás. Pero, en serio, por este último año... no hay palabras. Y palabras suele ser algo que a mí no me falta. Se os quiere.

3 comentarios:

  1. Desde siempre he sentido una especial fascinación por las películas de Pedro Almodovar y su particular visión de las relaciones de pareja.

    Tras la lectura de esta entrada y mi inicial impresión, no he podido resistir el poder distinguir las fases con algunas de sus obras.

    Fase 1: ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Siempre suele ser un conjunto de variables entre todo y nada.

    Fase 2: Mujeres al borde de un ataque de nervios y Entre tinieblas. Sí, la montaña rusa se ha puesto en marcha y el feriante se ha ido.

    Fase 3: Todo su madre y La mala educación. Sacando lo mejor de uno mismo.

    Fase 4: Volver y La piel que habito. La reminiscencia personal.

    Fase 5: Los amantes pasajeros y Atame. No hace falta que explique nada.

    Un abrazo.

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  2. Aunque no he visto la mitad de esas pelis (no soy la más fan de Almodóvar), entiendo perfectamente el concepto. Me ha encantado la analogía.
    Gracias!

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  3. ME PARECE MUY ACERTADA LA TEORIA DE LAS FASES, Y ME HA RESULTADO MUY AMENA LA FORMA DE EXPLICARLA. LA VERDAD ES QUE EL TONO DE HUMOR EN EL QUE SE COMENTAN, LE QUITA HIERRO A UNA SITUACION POR LA QUE QUIEN MAS Y QUIEN MENOS HA PASADO, Y EN SU MOMENTO NO SE HA PARADO A PENSAR EN QUE FASE ESTABA, PERO EXISTEN TODAS, Y SEGURAMENTE MAS DE UNO SE HAYA SENTIDO IDENTIFICADO, Y HASTA SE HAYA REIDO DE SI MISMO. EN MOMENTOS DE SU VIDA EN LOS QUE SOLO HABIA LUGAR PARA EL DRAMA.
    ESTOY DESCUBRIENDO ESTE BLOG, ME SORPRENDE GRATAMENTE Y ME PARECE QUE VA A DAR MUCHO QUE HABLAR, YO ESPERO LOS PROXIMOS POST CON IMPACIENCIA. MUCHAS GRACIAS
    UN SALUDO
    P.C.

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